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Clase 7: Liberándonos de los
Pensamientos Negativos
El pensamiento negativo es una forma materializada del espíritu.
Cuando estamos pensando no hacemos más que enviar vibraciones hacia todas las
direcciones y estamos supeditados a sus consecuencias según sean los
pensamientos positivos o negativos.
Estas vibraciones que emitimos al pensar dependen pues de nuestro propio
pensamiento y generan en nosotros mismos estados como la alegría, la tristeza,
el miedo, la generosidad, la felicidad, la tacañería, el odio, la ternura, el
amor, la bondad, la confianza, la esperanza, la culpabilidad, etc.
Tan solo podremos contribuir a modificar los pensamientos negativos mediante el
ejercicio de nuestra voluntad poniendo en marcha todos los recursos de los que
somos poseedores cada uno de nosotros como lo es principalmente nuestra propia
energía.
Debemos ser conscientes de que atraemos para nosotros todo aquello en lo que
pensamos: el amor atrae al amor, el odio atrae al odio y así sucede con todos
los demás pensamientos: generosidad, culpabilidad, etc, puesto que los
pensamientos de igual naturaleza se atraen, especialmente el del miedo que es el
más temido por todos puesto que nos mengua la energía, debilita nuestro carácter
y nos elimina la iniciativa.
Cada uno de nuestros pensamientos negativos nos van destruyendo poco a poco,
perdemos energía cuando nuestros pensamientos son de miedo, el odio nos hace
inhumanos, etc, y así vamos menguando nuestras fuerzas y de alguna forma nos
estamos autodestruyendo, psíquicamente e incluso físicamente, puesto que al
alterar nuestro sistema nervioso nos creamos enfermedad y dolor.
De la misma forma que los pensamientos negativos pueden destruirnos, los
pensamientos positivos nos ayudan a hacernos fuertes y a engrandecernos y
consecuentemente gozar de una buena salud, armonía, paz, bienestar y felicidad.
En nuestras vidas el éxito y el magnetismo solo lograremos alcanzarlo mediante
el esfuerzo, la voluntad y una postura positiva ante todas las cosas de la vida,
aprendiendo tan solo a sacar lo positivo de nuestras experiencias del pasado,
del presente y viendo el futuro de forma optimista.
En definitiva la voluntad debe estar muy por encima de la negación y permitir
que la fe gane al escepticismo.
Los grandes resortes de nuestro futuro y de nuestro éxito está únicamente y
exclusivamente en nuestro esfuerzo, nuestra confianza, nuestra fe, nuestro
trabajo interior, nuestra voluntad, nuestra energía.
No podemos esperar conseguir el éxito en nuestras vidas permaneciendo inmóviles,
pasivos, esperando que se nos regalen las cosas o que los demás nos solucionen
nuestros problemas. Debemos mantenernos fuertes y luchar por alcanzar las metas
u objetivos que nos tracemos haciendo uso de nuestra voluntad y nuestro valor
estando siempre dispuestos a vencer.
A través de la meditación deberemos descubrir de donde nace nuestro mal, ese mal
que nos hace pensar de forma negativa, puesto que es la única forma de sanar
nuestro pensamiento y consecuentemente nuestra acción.
Para desprendernos de nuestros pensamientos negativos podemos recurrir a nuestra
fuerza de voluntad luchando contra ellos, tratando de darnos cuenta en cada
momento de que si estamos pensando de forma negativa debemos inmediatamente
desterrar de nuestra mente ese pensamiento y cambiarlo por uno positivo. Por
ejemplo: "me han despedido del trabajo pero estoy convencido de que voy a
encontrar uno mejor"; "tengo miedo pero soy capaz por mi mismo de hacerlo
desaparecer de mi mente"; etc.
También la autosugestión sería un buen método para cambiar nuestros pensamientos
negativos por positivos repitiendo afirmaciones que compensen esa negatividad.
Mediante la autosugestión estamos utilizando un gran poder para introducir ideas
positivas para que estas nos ayuden desde nuestro inconsciente y así de esta
forma estamos ayudando a combatir preferentemente los estados de ansiedad,
depresión, estrés, baja autoestima, etc.
Se trata pues que cada día del año memoricemos y repitamos mentalmente, cuantas
más veces mejor, una afirmación y de esta forma acabaremos por introducir
deliberadamente la idea o mensaje repetido en el inconsciente y así
convertiremos en positivos todos nuestros condicionamientos negativos.
Por ejemplo: si reaccionamos de forma cobarde ante las situaciones
de la vida e introducimos el mensaje en el inconsciente a base de repetirnos a
nosotros mismos:
¡Yo soy el valor y la fuerza!
acabaremos por reaccionar de forma valiente, es decir positivamente, ante
cualquier situación que antes nos parecía de peligro y que posiblemente, en la
actualidad, después de reforzar nuestro inconsciente, ni siquiera nos parezca ya
una situación peligrosa.
Otra importante forma de poner en positivo nuestros pensamientos sería el de las
reflexiones, es decir, sometiendo a consideración detenidamente y sacando
nuestras propias conclusiones sobre nuestros propios pensamientos y nuestras
acciones con el fin de obrar en consecuencia de la forma más beneficiosa en
nuestro favor y en favor de todos los seres que nos rodean.
También sería ventajoso para eliminar nuestra negatividad ponernos
en un estado de ánimo muy pasivo y, en esta postura, recurrir a todos nuestros
recursos de imaginación. La función que creamos entonces no tarda en cambiarse
en realidad y de esta forma conseguimos aquello que deseamos, por ejemplo
repetirnos constantemente:
¡No tengo temor, me he librado del miedo!
¡No temo a nada ni a nadie porque soy suficientemente fuerte y puedo enfrentarme
a cualquier situación!
Deberemos tener muy presente que la negatividad puede hacer de nuestras vidas un
verdadera pesadilla.
Es recomendable para hacer todo este tipo de ejercicios, comenzar con una
relajación y practicarlos especialmente por la noche, preferentemente antes de
acostarse a dormir.
Autoestima
Si no aprendo a quererme a mi mismo (baja autoestima) me creo una
dependencia de aceptación por parte de los demás y como resultado tomo
decisiones equivocadas, puesto que estoy renunciando a mis propias necesidades y
deseos, "enganchándome" para evadirme de mi problema a las drogas, al alcohol,
al sexo, a relaciones sentimentales destructivas y a cualquier otro tipo de
actuación negativa, atrayendo para mi la peor de las soledades que es la de no
tenerme ni a mi mismo.
Me convierto en una persona introvertida y esto me impide entablar relaciones
afectivas provocándome un total aislamiento.
Ese miedo que se va agrandando día a día a sentirme solo me provoca pensamientos
erróneos, desajustes emocionales e inseguridad.
Me convierto en una persona desordenada tanto en mis pensamientos como en mis
actos.
Mi introversión y mi soledad son un impedimento para vivir en pareja, pues de
alguna forma hago que la otra persona se sienta también sola.
Me siento culpable por hacer cosas que no muestran lo mejor de mi mismo y dejo
de hacer otras sabiendo que soy capaz de hacerlas.
Desde este momento me propongo pedir ayuda a los seres que realmente me quieren
o acudir a la consulta de un profesional de la salud mental (un psicólogo) y
tratar de conseguir modificar mis actos tratando siempre de dar lo mejor que
tengo de mi mismo.
Voy a conseguir por todos los medios olvidar todas las acciones que
realicé en el pasado y de las que no estoy satisfecho, dejando de culparme a mi
mismo por ello y utilizado la misma energía en positivo para pensar en que no
voy a incurrir en los mismos errores.
Voy a luchar con todas mis fuerzas para conseguir salir de esta situación
velando por mis intereses, centrándome en las metas que me he propuesto alcanzar
en un futuro, en mis valores, en mis proyectos, en cultivarme un mundo interior
rico.
Ansiedad social
La ansiedad social es un trastorno por el que quién la sufre pasa excesiva
vergüenza hasta el extremo de sonrojarse por el miedo que les causa el solo
hecho de hablar delante de las personas, les impide comer o beber delante de
otros comensales, hacer amistades, etc, todo esto hace que las relaciones con los
demás sean difíciles e incluso que les cause trastornos en el lugar de trabajo,
estudios o cualquier otra actividad que se intente llevar a cabo.
Los síntomas que puede provocar este estado, además de sonrojarse, incluyen una
excesiva sudoración, ansiedad, dificultad para dirigirse a los demás, angustia,
temblores, necesidad de aislarse, etc.
Este miedo incontrolado puede ser causado por una timidez excesiva que causa
temor, falta de confianza en uno mismo, falta de autoestima, temor a perder
algo, complejo de inferioridad, excesivo pudor, miedo al fracaso, etc.
Las personas que sufren este problema temen especialmente ser
juzgadas u observadas por los demás, miedo a hacer el ridículo o a sufrir
humillaciones, en definitiva miedo a no conseguir la aprobación de los demás.
En los casos más extremos puede ser motivo de caer en el alcoholismo, las drogas
o en la depresión.
Debemos enfrentarnos con mucho valor al miedo pues es el único modo
que tiene una persona para vencer sus temores: "agarrar al toro por los
cuernos".
En principio sería muy importante meditar concienzudamente sobre cual es el
motivo que nos produce el sentimiento de vergüenza o temor y de cuales son sus
consecuencias.
Para lograr este objetivo es conveniente que interioricemos y saquemos de
nuestra fuente de sabiduría todos los antídotos que equilibren nuestros miedos,
nuestros temores.
Esto lo podemos conseguir a través de la meditación diaria.
También de las afirmaciones o bien de las reflexiones.
También hablar con nosotros mismos ante el espejo, mirándonos y dialogando con
esa persona que tenemos reflejada en el cristal, haciendo afirmaciones positivas
como:
¡Yo soy la fuerza!
¡Yo soy el valor!
¡Yo no tengo miedo!
¡Yo soy un ser como los demás!
¡Yo soy un ser sin complejos!
y todas las afirmaciones o frases que se nos ocurran para lograr sentirnos bien
con nosotros mismos.
Otro modo de trabajar para lograr el éxito sería escribir en un
papel ¿cómo me gustaría ser? y hacer una lista:
- Un ser valiente
- Un ser con iniciativa
- Un ser sin complejos
- Un ser decidido
- Un ser que no se ruboriza nunca, etc.
y cada noche antes de acostarnos leer el mismo papel e ir añadiendo todas las
cuestiones que hagan aumentar nuestra autoestima.
Por fin, y esto es muy importante, cuando vayamos a entrar en una
situación en la que corremos el peligro de tener vergüenza, ponernos nerviosos,
etc., deberemos hacer una o varias respiraciones profundas pensando en que no
vamos a sentir ningún miedo o vergüenza, esto último suele dar muy buenos
resultados.
Relajación
Dentro del equilibrio psicobiológico encontramos siempre un ritmo
fundamental.
Una fase activa y una fase pasiva, a grandes rasgos.
La fase activa esta caracterizada por el movimiento y la fase pasiva por el
reposo. Ambas fases son indisociables una de otra y vitalmente necesarias.
La forma actual de vida occidental prioriza la fase activa, el movimiento, la
maximización de la actividad y producción en todas sus formas.
Los motivos de esta desviación hacia la sobreestimación de la acción desbordan
los alcances de esta exposición, solo es necesario citar que esto es posible debido
a la capacidad del hombre al alterar sus ritmos de funcionamiento.
El equilibrio de estas dos fases (actividad, reposo) es esencial para mantener
una salud física y psicológica y fundamental para la actividad de autoconocimiento.
Es bien sabido las implicaciones psicobiológicas del stress en el organismo,
provocando un deterioro de los tejidos por hallarse los mismos sometidos a una
actividad psíquica del individuo.
La relajación consciente permite equilibrar física y psíquicamente a la persona,
llevando el ritmo psicobiológico a una armonía natural, permitiendo el descanso
y regeneración de los músculos y tejidos y la renovación del psiquismo.
La
relajación mediante el silencio
La práctica del silencio en la relajación es sumamente importante.
Mantener la mente tranquila y el cuerpo relajado ya supone una relajación en el
silencio.
No obstante podemos ejercitar la relajación en el silencio sin tener que pasar
necesariamente por una relajación física profunda.
Durante el ejercicio de la relajación por el silencio debemos centrarnos con
mayor interés en el aspecto mental.
La postura mas idónea que se recomienda para este tipo de ejercicio, sería la de
sentado, con las cabeza, el tronco y la espalda lo más recta posible.
También para este tipo de relajación podemos adoptar la postura clásica del
yogui,
dado que esta posición nos permitirá que el circuito de las energías que nos
conecta con las de la tierra se centren en la parte inferior, evitando de esta
forma sus influencias que, de alguna forma y aunque no nos percatemos, están
actuando sobre nosotros.
En este ejercicio de relajación debemos estar concentrados en nuestro interior y
para ello no debemos hacer absolutamente nada.
Se trata durante este ejercicio de no pensar en nada: proyectos, problemas,
preocupaciones, sentimientos, etc.
Se trata de sentir la sensación de estar y nada más, de esta forma aprendemos a
tener conciencia de nosotros mismos, de nuestro propio ser, sin cuerpo, sin
necesidades, sin preocupaciones.
Como resultado del ejercicio conseguiremos una profunda relajación vivida única
y exclusivamente a través de nuestra propia mente.
Si el ejercicio se practica con frecuencia (se recomienda de forma diaria, al
menos 10 minutos) nos sentiremos capaces de vivir plenamente el aquí y ahora y
superar entre otras cosas la falta de atención, el sueño, las distracciones,
etc y saber en un momento determinado como eliminar de nuestra mente
pensamientos negativos o pensamientos que nos despistan o no nos dejan descansar
o relajarnos.
Poco a poco a medida que avancemos en esta práctica de relajación nos iremos
dando cuenta del potencial que adquirimos sobre la noción de nuestro propio ser.
Para prepararnos adecuadamente a realizar este ejercicio de relajación mediante
el silencio, se recomienda que nos ejercitemos en la práctica del Hatha yoga.
También deberemos tener en cuenta que la respiración es sumamente importante a
la hora de realizar el ejercicio de relajación.
La
relajación consciente
Para practicar la relajación consciente deberemos hacer en principio una
relajación tanto del cuerpo como de la mente y de los sentimientos o afectos.
Es muy importante que la mente no esté pensando para conseguir que los
sentimientos no estén activos y consecuentemente al no hacer ningún esfuerzo el
cuerpo también quede relajado.
En la relajación consciente debemos conseguir permanecer despiertos a pesar de
haber alcanzado un alto nivel de relajación, con el fin de poder fortalecernos a
nivel del yo consciente, aquí y ahora.
Debemos en ese estado adquirir conciencia de nosotros mismos a todos los niveles
e incorporarlos a la conciencia que tenemos de nosotros mismos, tanto en lo
mental, como en lo sentimental o afectivo y en lo físico.
Veremos con la práctica habitual de la relajación consciente como
progresivamente esa conciencia profunda que nace de nosotros mismos se vuelca en
nuestro yo consciente y de esta forma irán aflorando de nuestro interior, de
nosotros mismos, nuevas ideas positivas.
Para prepararnos antes de comenzar esta forma de relajación, debemos, en
principio, practicar durante un tiempo, si es posible a diario, tanto los
ejercicios de Hatha Yoga, como los de respiración y de relajación, porque su
práctica nos conducirá a tomar conciencia de todo lo que estamos ejercitando, al
propio tiempo que la mente aprenderá a centrarse en única cosa que sería en
cualquiera de los casos el propio ejercicio que estemos realizando, tratando
durante ese tiempo de eliminar todo tipo de pensamiento ajeno a él.


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