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EL PODER DE LA ORACIÓN |
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Parte1:
Introducción
Dondequiera que esté siempre encontrará personas orando. Sea recorriendo los
grandes conglomerados humanos, o estando en medio de los indios, entre los
bárbaros, en regiones inhóspitas, en medio de ignorantes, junto a médicos y
científicos, en compañía de profesores universitarios, siempre encontrará
personas que oran. En ese preciso momento hay millones de personas orando. La
materia prima de todas las religiones del mundo es la oración. Desde la más
remota antigüedad el ser humano reza. Si se pregunta el
porqué reza cada uno, surgirán muchas respuestas de este tipo:
Rezo
porque mis padres me enseñaron a rezar
Rezo porque lo aprendí en mi religión
Rezo porque mi catequista me enseñó
Rezo
porque si no no me salvo
Rezo porque es obligación de todo cristiano
Rezo
porque siempre recé
Rezo para
pedirle algo a Dios
La oración es una enorme fuente de
poder, a la que se han reconocido grandes logros y curaciones milagrosas. El
hecho de que las plegarias funciones refleja nuestra conexión con lo Absoluto o
que podemos hablar con Dios de una manera productiva.
Esta comprobado que cuando un
santo hindú se pone a meditar, los ejercicios respiratorios que practica ejercen
un efecto fisiológico sobre su cuerpo. Con las oraciones ocurre lo mismo.
Numerosos experimentos parecen indicar que tienen un efecto benéfico sobre la
salud. Sin embargo, en el ámbito científico sigue reinando el escepticismo en
torno a este hecho, ya que no se ha encontrado aún una forma de rezar que
funcione el cien por cien de las veces, ni se puede predecir con exactitud en
que casos sanará la plegaria. Al psicólogo Lawrence LeShan, que estudió en
profundidad la curación a distancia en sus diversas fórmulas, le llamó la
atención que, en el caso de la oración, fracasos y milagros iban unidos con
frecuencia. Según los estudios de LeShan, las oraciones no parecen no funcionar
más que en el 20% de las veces, cuando se realizan desde el corazón
y no desde la desesperación racional, sino con la claridad de espirítu sabiendo
que, si lo que pedimos está en nuestro camino de evolución, se nos concederá.
La
oración siempre existió en la Tierra, desde que llegó el primer habitante. Si la
oración fuese una especie de amuleto o de superstición de los
pueblos primitivos, hoy nadie más rezaría, porque la evolución de la humanidad,
a través de tantos milenios, es realmente increíble. Actualmente, tenemos
una comprensión mucho mayor del mundo mental,
espiritual y cósmico.
Además, si la oración subsistiese solamente por
ser ordenada por líderes religiosos, la ciencia ya habría derrumbado esa
obligación.
El simple
hecho de que el hombre haya orado desde la época de las cavernas, y ésa práctica
persista aún en los días de hoy, ya significa que en la oración existe algo de
profundo, trascendente e inamovible.
Si la
oración, en la época actual, fuese sólo un vestigio del submundo de la
ignorancia, muy poca gente estaría rezando. Sin embargo el mundo continúa orando
más que nunca.
Hoy en
día, nadie más estaría usando una práctica que no tuviese sentido.
Antiguamente, por ejemplo, se pensaba que la Tierra era plana, hoy nadie más
dice eso. Antiguamente se afirmaba que la Tierra estaba quieta y el sol giraba
alrededor de ella, hoy se sabe científicamente que sucede exactamente lo
contrario. No es porque la Iglesia de la Edad Media haya enseñado que la Tierra
estaba inmóvil, que se deba continuar pensando así, pues la ciencia ya probó que
nuestro planeta se mueve alrededor del sol. De esta manera, no es por el simple
hecho de que antiguamente se enseñaba que el hombre debe orar, que hoy todo el
mundo continúe orando, aunque esté probado que la plegaria era un equívoco de
los pueblos primitivos. Si la humanidad continúa rezando, y cada vez más, es
porque cada día se comprueba la utilidad y la necesidad de la oración.
Las trampas de Dios

En realidad, la razón más práctica para
examinar el papel de la plegaria en las curaciones es precisamente que algunas
veces funciona. Y además, el hecho de que en ocasiones no lo haga con todo el
poder y previsibilidad requeridas tal vez refleje las deficiencias no de la
oración, sino de quienes la practican. Quizá los orantes no están en el estado
anímico adecuado, no tienen fe o no piden lo correcto. Tal y como escribió C. S.
Lewis: "si Dios hubiese atendido todas mis absurdas plegarias, ¿dónde estaría yo
ahora?"
En vista de nuestras limitaciones, quizá el
camino más sensato a seguir por un Ser Supremo sea el de frenar los efectos de
las plegarias o ignorarlas en su mayor parte. Así reduciría el peligro que éstas
podrían suponer si fueran utilizadas por seres imprudentes. Ello explicaría que
no exista una fórmula eficaz de rezar.
Pero no es sólo eso; si las plegarias
funcionaran siempre nadie moriría. En este sentido cabe citar a numerosos
líderes espirituales que han fallecido víctimas de enfermedades dolorosas, nada
propias de seres elevados. Santa Bernadette, a quien se le apareció la Virgen en
Lourdes, murió de cáncer de huesos y tuberculosis a los 35 años; Krishnamurti,
el célebre maestro espiritual, a causa de cáncer de páncreas; Suzuki Roshi,
divulgador del budismo Zen, de cáncer de hígado; Ramana Maharshi, el santo más
requerido de toda la India de cáncer de estómago, y la lista podría ser más
extensa.
Las explicaciones a estas disfunciones en
personas tan espirituales son múltiples, pero sea cual fuere la respuesta, su
actitud nos lleva replantearnos una suposición muy extendida en la Nueva Era:
que la falta de salud y las enfermedades denotan carencia de equilibrio
espiritual. El argumento desde luego es falso pues si espiritualidad fuera
sinónimo de salud ¿cómo explicar, en la otra cara de la moneda, la existencia de
esos pecadores con salud óptima? Nadie tiene la culpa de estar enfermo: "Ni él
pecó, ni lo hicieron sus padres, sino que esto es para que se manifiesten las
obras de Dios en él", así contestó Jesús cuando los discípulos le preguntaron
por un hombre que era ciego de nacimiento (Juan 9: 1-3). Tal vez en su respuesta
esté la razón última de porque la oración no puede resultar absolutamente eficaz
el cien por cien de los casos. Algunas dolencias tienen quizá un sentido
cósmico, invisible a los mortales y tan sólo conocido por la divinidad, como ya
sabemos referentes a situaciones de Karma.


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