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CURSO GRATUÏTO: EXPRESIÓN DE LAS EMOCIONES |
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Clase 2:
Emociones auténticas y sustitutivas
Dijimos en la clase 1 que las emociones auténticas son aquellas que son
adecuadas en calidad, intensidad y duración a la situación aquí y ahora.
Las emociones autenticas son cinco: Alegría o placer, afecto, miedo, rabia y
tristeza y como vimos cada una tiene una finalidad.
Se llaman auténticas porque tienen un correlato biológico ya que son compartidas
por los animales superiores.
Lo natural y más sano sería poder expresar estas emociones auténticas pero la
mayoría de las familias permiten la expresión de algunas y no de otras.
O sea que las emociones sustitutivas se aprenden porque el sistema familiar
prohíbe (la mayoría de las veces en forma no consciente) la expresión de las
auténticas.
Para adaptarse al sistema familiar se aprende a cambiar una emoción autentica
inaceptable en esa familia por una sustitutiva aceptable.
Por ejemplo en una familia machista los hombres no podrán mostrar tristeza, no
podrán llorar, entonces cada vez que están tristes se mostraran irritables,
gruñones, la han cambiado o encubierto con una rabia falsa.
Así podemos encontrar familias donde se discute mucho y parecería que prevalece
la rabia o familias en las que esta todo bien pase lo que pase, familias donde
no hay ninguna muestra de afecto, etc.
Nuestra generación, la de los mayores de 40 en general hemos crecido en familias
donde no era muy común la expresión del afecto en forma explícita, los hombres
no podían expresar miedo y tristeza, las mujeres no podían expresar rabia y la
alegría en la casa dependía del estado de ánimo de algún familiar.
Estos permisos se van transmitiendo de manera no consciente de generación en
generación, o sea seguramente nuestros padres nos dieron permiso para sentir y
expresar las emociones que ellos podían sentir y expresar.
Algunas de las emociones sustitutivas con que solemos tapar una emoción
autentica son:
Falsa alegría:
sonreír o reír para complacer
a alguien que esta contento cuando uno esta mal.
Falso afecto: forzarse a querer a alguien sin sentirlo, ser meloso,
empalagoso.
Falso miedo: (fobias) temor irracional adquirido por experiencias
traumáticas o aprendidas de algún familiar por imitación.
Ansiedad o angustia: temor opresivo e indefinido ante un estímulo
presente o algo a enfrentar en el futuro que no lo justifica.
Culpa: es miedo al castigo, puede sentirse por disfrutar, aunque no se
haga mal a nadie (“porque mis padres se sacrificaron por mí”), por casarse si la
hermana mayor quedó soltera, por ganar dinero porque otros no lo ganan.
Inadecuación: es sentirse fuera de lugar, torpe, creer que todos nos
miran y nos juzgan, que haremos un mal papel. Se siente al hablar en público, al
bailar, al ser elogiado.
Confusión: es un bloqueo, incapacidad para razonar. Uno se dice a sí
mismo “eres tonto”, “no entiendes”.
Vergüenza: parecida a la inadecuación pero acompañada de rubor, lo que la
incrementa.
Falsa rabia: se siente ira, hasta odio, sin motivos justificados para un
observador imparcial, durante demasiado tiempo, tal vez toda la vida.
Resentimiento: el resentimiento es parecida a la falsa rabia pero se
canaliza hacia adentro, se masculla internamente. Suele ser causa de
hipertensión y úlceras.
Celos: encubren inseguridad, ideas de inferioridad ante la competencia
por el ser amado o por lo menos celado.
Rivalidad: pretende ganar siempre, tener lo mejor, no dejarse superar,
muy competitivo.
Sadismo, saña: es una falsa alegría ante el sufrimiento ajeno.
Triunfo maligno: es el gusto de haber ganado y que otro haya perdido.
Depresión: es una falsa tristeza, motivada por excesiva autocrítica o
conmiseración interna, por la prohibición de sentir o expresar rabia que se
vuelca contra sí mismo.
Melancolía: es un grado extremo de depresión.
Envidia: es la tristeza por el bien ajeno. En vez de tender a mejorar uno
mismo se añora o quiere quitar lo que tiene otro.

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