Está demostrado que numerosas zonas de los
pies mantienen una relación y una conexión reflejas con partes
identificables del cuerpo y de sus órganos. Estas zonas permiten
realizar tanto el diagnóstico como el tratamiento de diversas
afecciones.
De modo que los pies, aquella parte de
nuestro cuerpo en la que tan poco pensamos y que rara vez
sometemos a terapia, pueden convertirse en un eficaz punto de
partida para el tratamiento de numerosas dolencias.
El tratamiento aplicado en el microsistema
que representa el pie puede considerarse como el más antiguo, el
de mayor difusión y también, el más efectivo en la experiencia
terapéutica; en ese sentido, no necesita ninguna recomendación
más.
Con la reflexología se puede tratar cualquier
persona – hombres, mujeres, niños, ancianos hasta bebes y
embarazadas. El tratamiento activa sobre todo nuestro sistema
sanguíneo y lo mantiene flexible. Eso es la base fundamental de
una nutrición abundante de todos los tejidos y órganos que nos
garantiza a su vez su buen funcionamiento en todas las
situaciones de nuestra vida. La reflexología podal nos facilita
una herramienta de combatir el estrés diario al relajar nuestro
cuerpo de una forma suave y a la vez muy profundo. Nos ayuda a
aliviar cualquier tipo de dolor, desde tensiones musculares como
tortícolis, dolores en las articulaciones hasta dolores
orgánicos como gastroenteritis. El tratamiento activa nuestra
capacidad de autocurarnos y nos reconecta con nuestro cuerpo
para sensibilizarnos y escuchar sus necesidades. Es un
tratamiento excelente para la prevención de enfermedades y nos
proporciona un equilibrio tanto físico, mental y emocional por
su actuación en los diferentes planos de nuestro cuerpo, tanto
físico como energético.