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CURSO GRATUÏTO: LOS CUENCOS SAGRADOS |
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Introducción
El concepto del sonido como médium
capaz de transportar el espíritu humano a un estado diferente de conciencia es
tan antiguo como la propia humanidad. Es un concepto que se puede observar en
cualquier parte, en todo momento, no sólo en el hombre sino también en animales.
Los sonidos sin palabras transmiten mensajes que van acompañados por estados que
se extienden desde la tensión a la relajación, inquietud por el sentido de
bienestar. Los animales pueden atraerse o ahuyentarse los unos a los otros,
tranquilizándose o asustándose entre sí con sonidos. El hombre no es diferente.
Toda madre está familiarizada con la comunicación entre ella y su nuevo hijo
recién nacido. Responde inmediatamente al llanto del niño y su suave tarareo
arrulla al niño al sueño. Esto no es nuevo; es un hecho de la naturaleza que
todos podemos utilizar si tenemos la habilidad de producir sonidos. Lo que puede
ser nuevo es que algunas personas, como también algunos animales, pueden
producir sonidos utilizando objetos en vez de los órganos de sus propios
cuerpos. Para empezar, el cuerpo produce muchos otros sonidos: latido del
corazón, circulación, digestión. Objetos exteriores al cuerpo también pueden
producir sonidos, ya sea por sí solos o cuando los utiliza el hombre. Se pueden
lanzar, agitar, golpear, soplar o frotar entre sí. Cada uno de estos sonidos
tiene un efecto específico: te pueden poner la carne de gallina o simplemente
producir un sentimiento placentero. Hacen aparecer sentimientos y también
imágenes.
En los mitos de la creación que se
tienen en todo el mundo, el sonido se conoce como fuente de todas las cosas
visibles e invisibles. El sonido está guardado en ellas. Al igual que todas las
cosas creadas tienen su propio sonido, también cantan su propia canción. La
comprensión de que el hombre es una parte de este todo, había sido ya expresada
en culturas tempranas a través del uso del sonido. Esto se puede ver en el
chamanismo, que es probablemente la religión más antigua en el mundo.
El chamanismo en sí mismo en la
actualidad ha abandonado el principio fundamental de que todo hombre tiene
perfecta comunicación con sí mismo y los que lo rodean, al igual que con lo
sobrenatural. Después de todo, el chamán es aún capaz de realizar esta
comunicación, lo que otros no pueden lograr por su cuenta. Y un shaman puede
restablecer la comunicación cuando ha sido interrumpida temporalmente.
Para conseguirlo, el chamán hace
usos intensivos del sonido. Primero, con un tambor y su voz, pero también con
sonajeros e instrumentos de viento. Joska Roos fue el primero en llamarlos los
"Los seis Axiomas Chamanísticos": el sonido es el elemento básico.
Antes de que el chamán asumiera el
papel del campo de posibilidades que el hombre dispone, cada miembro del grupo
(clan, tribu) jugó una parte igual en el ritual. Más tarde, el chamán,
hombre-medicina o mago se convirtió en el líder de estos rituales. El propósito
era permitir a todos experimentar su existencia, expresar sus sentimientos, y
tener su propio lugar como eslabón que conecta los primeros seres míticos, con
sus antepasados y con la generación siguiente.
A través de la canción, la danza y
el tambor, se interrelacionaba con el lugar donde estaba, con la comunidad y con
la naturaleza que le rodeaba. Tomaba contacto con su propio espacio interior,
con sus contenidos, y con espacios visibles e invisibles externos a él. Podía
aplacar a los dioses, demonios, antepasados y a espíritus naturales. Reunía
todas sus fuerzas y expresaba todo su erotismo.* De hecho, todavía hablamos de
"interrelacionar" para indicar que deseamos establecer una forma intensa de
comunicación. Y no interrelacionamos si esta comunicación ocurre. En esta
"interrelación", como en las "voces bien determinadas" (la de los dioses, por
ejemplo), la gente que parecía poseer un talento definido empezó a desempeñar
labores especiales. Además de sus deberes diarios, se convirtieron en líder,
chamán o bufón.

Más tarde, la gente que llevaba a
cabo estas funciones fue relevada gradualmente de su trabajo
diario para que se pudieran dedicar completamente a sus labores
especiales. De esta manera llegaron a hacerse importantes,
"elegidos", y el sacerdocio fue el siguiente paso natural. En este
sentido, llegaron a ser sacerdotes especialmente consagrados, que
tenían que estudiar durante muchos años, a veces tenían que pasar
varios exámenes, y a menudo se recluían de la vida diaria
deliberadamente, para actuar como negociadores. El sacerdote no
era una persona más entre la gente, sino que se convirtió en
alguien situado tanto fuera como por encima de los demás, con el
derecho exclusivo a representar a Dios en la tierra cuando fuera
necesario, e incluso a asumir su identidad.
Del mismo modo que siempre han existido
descubridores dispuestos a viajar alrededor del mundo para verlo con sus propios
ojos, siempre han existido personas que trataron de seguir sólo sus propias
percepciones y que se esforzaron constantemente en establecer sus propios lazos
entre el mundo interior y el exterior. Muchos de ellos acabaron quemados por
herejes o muertos de otras muchas maneras.
Ahora vivimos en una era llamada " La Era de
Acuario", que se caracteriza por un gran deseo de ser liberado de toda tiranía.
Cada vez más gente se da cuenta de que ellos mismos son responsables. No
permitirán, de manera angustiada u obediente, que circunstancias externas les
sean impuestas desde arriba. Están buscando una comunicación interna con los
mundos interiores y que les rodean, con el "Cosmos", un término usado
comúnmente. No necesitan por más tiempo la intervención de un sacerdote-médico:
el chamán. Es por ello por lo que hay tanto interés en los diferentes medios y
formas por los cuales un hombre puede restablecer la comunicación interna. Por
eso hay un interés creciente en el camino fundamental para conseguir esto, por
ejemplo, a través del sonido.


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